Posted in Paternidad Gamer, Slice of Life

Corría un día de enero en el que se anunciaba que Steam portearía uno de mis juegos favoritos, que salió originalmente para PS2, y que terminé en una de las portátiles de Sony hace casi una década atrás. Cuando lo jugué por primera vez (y producto de mis pueriles decisiones), le saqué un final penca que me rompió el corazón. Así que ese día que lo anunciaron lo primero que dije fue: me lo debo.

Y me lo compré poh’, de puro adulto que soy. Sin embargo, en ese momento en que lo compré, me dije a mí mismo: “si tienes ciento veinte horas para invertir en un juego, tienes esas mismas ciento veinte horas para terminar de hacer toooodos tus pendientes de adulto”. Así que, en vez de ponerme a jugar inmediatamente, decidí jugarlo cuando hubiese terminado todo aquello que tenía que hacer y que tenía relación con mi (ahora investigativa) área laboral.

Me tomó cerca de un año alcanzar una cuota de trabajo que yo considerara, por lo menos, suficiente y consistente como para hacer una pausa. Ahí decidí darme unas vacaciones de “ser adulto” y dejé salir al niño interno, quien pugnaba por escapar desde el primer día de la compra.

Grande fue su llanto cuando nos dimos cuenta de que el computador prestado que estábamos usando actualmente no era capaz de correr el juego. Y eterno fue el breve espacio de tiempo que se demoraron en arreglar mi compu que estaba malo y en el cual sí era posible jugarlo. Pacientemente, esperamos la llegada del compu, la actualización del ídem, la descarga de la plataforma y la descarga del juego. Esperamos, además, otro par de actualizaciones menores, antes de poder sentarnos a jugar.

Lo primero que decidimos respecto al juego fue no jugarlo en very hard (como la vez anterior), en honor al tiempo. Lo segundo, tomar las decisiones correctas. Unas ochenta horas después del escape del niño interior, le saqué un final “como la gente”. Ahí decidí lo tercero, terminarlo de nuevo y sacarle el final verdadero… pero después, que ahora debemos volver a la adultez.

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2 thoughts on “Paternidad Gamer – Adulto responsable, niño responsable

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