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El día 21 de noviembre de 2013 en la nochecita, Sony Chile realizó el evento de lanzamiento de la tan esperada (creo) PlayStation 4 en Chile. Eran otros tiempos, las pandemias eran cuentos de vieja del siglo pasado y algunos miembros de lo que actualmente es Multiplayer.cl pasaban por un bonito periodo de bonanza económica.

La cosa es que a Intelligibilis le regalaron —en la pega— unas entradas para ir al súper evento. Porque no sólo tenía un trabajo con contrato, al más puro estilo del primer mundo, sino que también le regalaban cosas. Como dije: bonanza. O puedo estar equivocado e inventando, después de todo, han pasado poco más de siete años.

Así entonces, mi buen amigo nos llamó a mí y a otro compinche (que no forma parte de Multiplayer.cl) para ir a tan magno evento. Yo, que nunca había ido a un evento de estas características acepté de inmediato, pensando en una serie de escenarios bacanes posibles.

La cita era en, nada más y nada menos que, el Club de la Unión, en el centro de Santiago, casi al frente de la casa central de la Universidad de Chile. Es un edificio viejo, bonito y patrimonial. Y también, un monumento a la endogamia de la clase que ha sido dueña de este fundo culiao llamado Chile desde siempre.

“Afuera hay un pobre que llora, que llora, porque no le pago” ♫

Una vez que llegamos todos, distribuimos las entradas y accedimos al recinto. Yo nunca había entrado, y me sorprendió lo bonita que es la cuestión por dentro, y la cantidad apabullante de gente que había. La escena era un poco extraña. No era lo que yo había supuesto que un evento de estas características sería, sino más bien, parecía carrete de película universitaria gringa, donde el protagonista está medio angustiado por algo, mientas el mundo baila al ritmo de una música en partes iguales punchi-punchi y ominosa. Y quiero recalcar el punchi-puchi. Creo que el bajo estaba tan fuerte que, de haber tenido cálculos renales, todos habrían sido disueltos sin compasión.

La fauna era variopinta: hombres con terno acompañados de mujeres con vestido de tajo largo, todos con una evidente pinta de dedicar un tiempo insano a cultivar sus cuerpos; periodistas con esas típicas identificaciones que se cuelgan del cuello; mucha gente con camisa de leñador; perdedores de nivel intermedio, como nosotros; y perdedores de nivel alto, de esos que usan esos sombreros longi (“fedoras”, creo que se llaman, ¿no?).

En algún momento, nos situamos en el centro de la cosa, donde había montado un escenario. Y comenzó el show. Entre punchi-punchi y un video-tráiler de los juegos de lanzamiento de la cosa, un compadre hablaba de lo bacán que es PlayStation, y que los gamer aquí y los gamer allá. Recuerdo que el precio anunciado de la consola sería de 330 lucas o algo por ahí, que es menos de lo que cuestan ahora, gracias al Covid y a la conchasumadrez sin límites del retail.

Recuerdo haber estado confundido con el evento. Sólo cuando acepté que mis expectativas no se condecían con el real contenido de la tertulia, fue que amainó mi confusión. Esto era un evento de relaciones públicas y no algo centrado en los videojuegos. Pero eso me pasa por tener expectativas prejuiciosas, supongo.

Pero bueno, una vez que se calló mi compadre del escenario, quedaron a disposición del público un puñado de consolas para probar los grandes exitazos que saldrían de lanzamiento para la PS4 en poco más de una semana más. Y hablo de grandes clásicos como Knack o un port de algún Assassin’s Creed que ya había salido para PS3. Igual, no pudimos jugar nada porque eran, literalmente, un puñado de consolas; creo que no había más de cinco, y las colas eran eternas.

En vez de eso, y dado que ya todos nos habíamos dado cuenta de que el evento se trataba de otra cosa, nos dedicamos a perseguir a los mozos que pasaban con comida, y a consumir todo el alcohol gratuito que nuestros cuerpos fueran capaces de contener. También, nos sacamos unas fotos en una caseta de fotos instantáneas que habían (porque habían más de esas weás que consolas). Al final, pasamos más tiempo tomando y conversando de la vida en el balcón que da a la esquina de la Alameda con Bandera, que haciendo algo relacionado con videojuegos. Recuerdo que para llegar a ese balcón había que atravesar una habitación redonda, llena de pinturas de señores pitucos que compartían los mismos cinco o seis apellidos. Curiosamente, esa no fue la única vez que estuve ahí… por otros motivos de la vida, en otro momento estuve en ese mismo lugar tomando con un weón que se parecía a Allende. Pero esa historia no tiene absolutamente nada que ver con videojuegos, así que quedará para la imaginación. Además, tampoco es muy entretenida.

Pero bueno, ¿lo pasé bien en el evento? Copete gratis. Tanto que ni siquiera recuerdo cómo llegué a la casa. ¿Fue un buen evento de videojuegos? Igual Knack se veía piola a tres metros de distancia, pero parece que no se ve tan bien de más cerca, pero no sé en realidad, porque nunca lo he jugado. Igual, a la salida, una mujer muy amable nos entregó una bolsita con merchandise basura en plan “muñequera de goma con el logo de PlayStation” que, creo, terminó en su totalidad en la basura.

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