
Autores: Arkady Strugatsky & Boris Strugatsky
Fecha de Salida: 1972
¿Disponible en español?: Sí (bajo el nombre “Picnic Extraterrestre”)
¿Alguien dijo ciencia ficción soviética? ¿No? Bueno, por suerte para usted, eso es exactamente lo que les traigo. Así que súbale el volumen al Himno Estatal de la URSS, porque este libro es más bueno que la marraqueta con palta.
La cosa es así, un día como cualquier otro, llegaron los marcianos. ¿Llegaron bailando chachachá? No se sabe… en realidad no se sabe nada, pues los extraterrestres vinieron y se fueron como brisa marinera. Ni siquiera se dieron la molestia de establecer algún tipo de contacto con la especie humana. Lo único que se sabe de ellos son los cachureos que dejaron de su visita, de los que también se sabe bien poco, pues no sólo desafían el conocimiento humano, sino que la capacidad humana para conocer. Es como si uno se hubiera ido al bosque con los cabros a hacer un asado, y les tocara a los animales hacer sentido de las porquerías que se nos quedaron; una caja de fósforos a medias, una moneda guacha, unas pilas, y cualquier otra tontera.
Como sociedad humana bien representada, en el libro existen instituciones que se dedican a cuidar, investigar y evitar que la gente se meta a las “Zonas” en las que estuvieron hueviando los ETs, porque están llenos de cuestiones raras y peligrosas. Un ejemplo de lo raro son los “vacíos”, que son dos discos de un metal que parece cobre que flotan siempre a la misma distancia el uno del otro, dando la sensación de ser una especie de contenedor. No pueden ser separados a más distancia de la que están, pero si se pueden pasar cosas entre ellos sin problemas. ¿Para que sirven? Moya. Un ejemplo de lo peligroso son las “trampas de insectos”, que son espacios (que no están delimitados por nada) en que la gravedad es órdenes de magnitud más poderosa, y lo que sea que entre en ellos será irremediablemente apachurrado hasta quedar como papel, sea un tornillo o un helicóptero.
Como sociedad aún más humana, existen locos que, pese al peligro, se meten a la mala en las Zonas a robar cachureos alienígenas y venderlos en el mercado negro. Estos son los llamados “stalkers” (y si esa palabra le suena del mundo de los videojuegos, es porque la saga de juegos S.T.A.L.K.E.R. está inspirada en una película que está inspirada en este libro). Nuestro protagonista es Redrick Schuhart, o “Red” para los amigos (o, más bien, conocidos), que obviamente es un Stalker, y uno bacán, además.
El libro nos cuenta cómo Red hace de Stalker, cómo trata de dejarlo, cómo forma una familia, y cómo vuelve a ruedo. Si bien esta es su historia, siento que el contexto en el que ocurre es más importante que Redrick en particular. Él no es más que un cualquiera que sufre los efectos de fenómenos que están más allá de su comprensión; fenómenos que evidencian el horror cósmico inherente a ser una especie biológica y cognitivamente incapaz de comprenderlo todo, pese a lo mucho que creamos que somos bacanes. Es una historia que nos devuelve al lugar humilde que merecemos, al mismo tiempo que nos regala el temor de ser tan insignificantes, que otra especie inteligente —realmente inteligente— ni siquiera consideraría hacer contacto con nosotros. Del mismo modo que nosotros no “hacemos contacto” con las hormigas o las moscas.
Es un libraco corto y pulento. Creo que es obligatorio para cualquiera que disfrute de la ciencia ficción. Así que léalo.
