Posted in Paternidad Gamer, Slice of Life

Mi hija mayor tenía cerca de dos años la primera vez que tomó un joystick. Estábamos realizando un minicampeonato de Super Smash Bros 64 con algunos compañeros de universidad cuando ella me pidió jugar. Así que le alcanzamos un control desenchufado mientras tanto, y se entretuvo un buen rato “jugando” contra la máquina.

Los años corrieron y la niña pasó de ser un Player 2 inoperante a uno competente en su infancia, para luego convertirse en una compañera de juegos y, finalmente, en su propia Player 1. Eventualmente, ella tendría también un hijo, al cual le pasaría un control desvinculado, prosiguiendo con la tradición familiar.

Y en este correr de años, muchas consolas han pasado por nuestras manos.

Mis hijos ahora ya han tenido contacto con PS4 y Switch. Yo partí mi camino videojueguil con un ZX Spectrum (que aún me acompaña) por allá por la mitad de los ‘80. Entre eso y el ahora, he jugado con harto cachureo distinto. Algunos sobreviven, otros no.

Tres son los controles que mis hijos me han roto a lo largo de todas nuestras vidas, el trío ganador pertenecía a Sony y la consola era una PS3. Y no es que yo haya sido muy cuidadoso y mis hijos no, recuerdo haber usado el control del N64 como morningstar para pegarle a un amigo y haber botado la consola, mínimo unas diez veces. Después que decidí dejarla en el suelo para no botarla más, la pateé por lo bajo otras cinco. La PS1 aguantaba menos, al final de su vida útil había que usarla o al revés o en alguna otra posición de yoga que le permitiera leer el CD con menos esfuerzo, pero aguantaba. A ese trío de controles los acuso simplemente de estar hechos sin amor.

Un par de generaciones tecnológicas atrás las cosas estaban hechas de nintendium, para durar, en cambio ahora uno pone el control mal en el aditamento y cagó, actualiza la consola y se corta la luz y cagó, o trampea el juego y se corrompen los datos y cagó.

¿Podremos dejar a nuestros hijos nuestros juegos de antaño? ¿Llegarán siquiera a ser legado o se esfumarán en nuestras manos por torpeza u obsolescencia programada? ¿Me quejo de puro boomer cuando en realidad soy yo el que no sabe cuidar las cosas?

Lo dejo a su criterio.

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