
Salones de arcade
Por un momento sentí que todo me era muy familiar, pequeños flashbacks surgieron en mi cabeza y se proyectaron ante mí, ¡vacaciones en la playa! Los locales no son tan distintos de los que conozco, al menos son como los que recuerdo en el litoral cuando pasábamos las vacaciones de verano. Pero no, no estoy en Chile. Estoy en Osaka, Japón y quise ir más allá y adentrarme en los locales que se encuentran en callejones perdidos y olvidados en el tiempo. Lugares en que se sienten como estar en otra época. En verdad era algo hermoso, sinceramente estaba muy feliz de estar en los lugares en que los cuales transcurren las historias de muchos videojuegos (los manga y animes también están presentes). Mi objetivo era encontrar locales de arcades y testear sus máquinas.

Fue así como en menos de media hora, desde donde me alojaba hasta la estación a la que debía llegar, arribé sin necesidad de realizar cambios de líneas ni estaciones. Fui desde Tengachaya hasta la estación Ebisucho de la línea Sakaisuji. Al salir de la estación encontramos un barrio importante de la ciudad, Osaka Shinsekai. Esta zona tiene mucha relevancia, antes y después de la WWII, por lo cual es un patrimonio en el que se vive de forma diferente a otras partes de la ciudad. Este lugar es conformado por un par de cuadras en cuyos interiores te encuentras con una serie de calles, callejones, galerías y galpones; negocios de todo tipo, como peluquerías tradicionales japonesas, donde el servicio pasa a ser una experiencia; también podrás encontrar diversos tipos de locales de comida, de gashapon, dulces tradicionales, y juegos típicos de Japón. Podría seguir nombrando muchos más, pero no puedo dejar de lado a lo que nos convoca: buscar y encontrar salones de arcade.




Pude haber usado el celular para encontrar los arcades de forma rápida y directa, pero quise introducirme en este mundo desconocido y nuevo, en el cual iba descubriendo el mapa tal como lo haría en un buen RPG. Sí, durante la búsqueda tuve que pasar por provisiones y algo para beber, así que un buen snack de dulces típicos y té en botella me animaron a continuar. Pasé por fuera de un local de arcades, este era pequeño y estaba vacío, quizás porque no se veían prendidas sus máquinas. No quise molestar ni interrumpir, lo más probable es que estaban abriendo o cerrando el lugar. Continue adentrándome más entre los callejones y galerías que encontraba a mi paso.
¡Al fin, encontré el boss de la misión! O el tesoro
El local era grande, iluminado, albergaba una serie de sonidos y música provenientes de los juegos, en donde la cantidad de arcades eran bastas, de diferentes tamaños y formas. Hubo algo que me sorprendió, que creo haber visto solamente por fotografías: eran los Arcade de un sólo player. Era el templo perfecto para jugar solo por siempre (o hasta que se te acaben las monedas), un momento íntimo con el Yo. Mi mente estaba por los cielos al encontrarme con esta maravilla. Entre de forma muy discreta al lugar ya que había muchas personas jugando concentradamente, la mayoría es clientela frecuente, personas que van después de sus trabajos a pasar el rato o sencillamente destinan parte del día para estar en ese lugar.

El hecho que me hizo amar aún más ese lugar, de disfrutar un local típico de Arcade en Japón, era la gran cantidad de adulto mayor presente. Fácilmente un rango de edad desde los 60 hasta los 80 años. Tuve una especie de visión y era el escenario perfecto para estar jubilado y pasar el resto de mis días jugando en los Arcade, sin la preocupación de gastarme la plata para el pan. Claramente, también se divisan personas jóvenes. Ahí entendí que el alma “gamer” no muere, que el interés y el amar jugar perdura eternamente, que esa semilla siempre estará dispuesta a crecer. Algunas de estas personas estaban en grupos mientras que otros solos, pero todos tenían algo en común, jugaban muy concentrados, la mayoría fumando cigarros y bebiendo café en lata. (Dato que nadie pidió: estos cafés en lata son la cosa más genial que debe existir, de fácil y rápido acceso gracias a las máquinas expendedoras que se encuentran realmente en todos lados. Ya sea frío o caliente el café es de buena calidad, haciéndolo el elixir perfecto para jugar en los Arcade).

Y sí, en estos locales no está permitido el fumar dentro. Aun así, los adultos mayores lo hacían.
En estos locales de barrio se pueden observan adolescentes, la mayoría con sus uniformes de escuela. En la atmósfera se veía y olía una nube de humo, aun así, nadie reclamaba ni decía algo por ello. Ese olor a cigarro me hizo recordar de cuando era niño e iba a máquinas a jugar un par de fichas, en donde siempre había adolescentes fumando, dejando las colillas y restos de cenizas esparcidas sobre los arcades.

El escenario era hermoso, nuevas y viejas generaciones reunidas en un sólo lugar, haciendo lo que más les gusta, jugar. Una verdadera escuela de arcades.

Las máquinas funcionan con monedas (yenes) y/o con fichas, según sea el caso, que se compran en el lugar. El valor de cada ficha es de ¥50 o ¥100 (aproximadamente entre $325 y $650 pesos chilenos), o en su defecto usando una moneda de ¥50/100. Un valor no muy lejos a lo que se puede encontrar en los Diana, en donde por cada partida el valor ronda desde los $400 hasta los $600, según el tipo de juego que se escoja. Estos arcades, que reciben fichas o monedas, que algunos llaman del tipo Candy, tienen un nombre mucho más formal, Sega Astro City y Sega Blast City. Así es, SEGA. Aunque también hay de diversas marcas como SNK, Taito, Konami, etc.

Independientemente de la compañía desarrolladora de los juegos dispuestos, las máquinas en ese local eran de marca Sega. Según la cantidad de arcades que existan en el lugar, están enumerados como por ejemplo “Flat Square 29” y así sucesivamente. Se pueden encontrar juegos como Street Fighter, KOF, Mortal Kombat, Super Mario Bros, Tetris, juegos de tenis y de fútbol, Aero Fighters, Snowbros y los que se te ocurran. No podían faltar las famosas máquinas de Pachinko, máquinas traga monedas y también esas máquinas de las cuales puedes sacar algún producto en específico o premio sorpresa usando “la garra”. Estos dos últimos también son muy usados por los japoneses, le gusta mucho.


El ambiente era espectacular y se sentía una atmosfera acogedora, aun siendo un “gaijin” (extranjero), pese a que la totalidad de las personas en el local eran japoneses (y/o asiáticos). Japón, dentro de las muchas cosas por la que es reconocido, es por los videojuegos. PlayStation, Sega, Nintendo, SNK, Capcom, Bandai, Konami, Square Enix, Atlus, Level-5, Taito, Hudson y así muchas empresas encargadas de darnos tantas horas de diversión y pasión. Y, en verdad, se nota esa pasión por los videojuegos, ya sean en los establecimientos en donde se juega y en donde compran, no existe edad ni género ni estrato social. Todos disfrutan de algo en común y fue genial ser parte de uno de ellos. De verdad, el salón de arcade estaba de maravilla, un destino obligado si se viene a Japón. Por lo mismo, no podía dejar de pasar la oportunidad de poder usar y jugar un verdadero arcade, en un auténtico local y, principalmente, lo más importante de todo, que sea en Japón. Así que me tomé el tiempo de recorrer los pasillos y elegir el arcade adecuado. No quería nada ya conocido, pero tampoco algo tan inédito para mí. No quería demostrar mis nulas habilidades en juegos rítmicos, que abundaban, por lo que elegí uno que resaltara mis habilidades. En esta ocasión me refiero a la habilidad de conducir, tarea que desempeño bien por como lo corroboran mis cercanos. Es así como elijo un arcade de automóviles, Initial D: The Arcade.
Y así, me atreví a jugar ese arcade, que permitía un segundo player. Pero al estar solo, tuve la chance de jugar tranquilamente, por lo que decidí ir por el modo historia. Gasté las monedas correspondientes y lo gocé de maravilla. Todo el arcade era muy cómodo, tenía buena imagen de video y un espectacular sonido. No era la primera vez que jugaba un arcade de autos, pero sí la primera jugando Initial D. No pude terminar el juego, pero avancé bastante. En mi mente, pensaba que había conducido de maravilla, pero lo afirmé y lo sentí como un alago cuando un par de personas que jugaban el mismo arcade observaban interesadamente com jugaba (¿cómo sé que me miraban? Mi pareja me grabo mientras jugaba).

Muchas veces he estado en los Diana jugando la última ficha, terminando esa última jugada uno se va feliz y tranquilo a su siguiente parada. Pero esa vez que jugué mi último turno en el arcade en Japón, sentí que era mi última vez jugando. Parte de mí quedó en esos locales de ensueño. Y espero volver algún día por esa parte que me pertenece.

